Ahora mismo me cuesta mucho identificarme con cómo me sentía hace tan solo unos días. Tengo la sensación de que es algo muy lejano, como si me hubiera sucedido hace años o, incluso, como si no me hubiera pasado a mí.

Es curioso, porque incluso ahora pienso que no era para tanto, que soy una exagerada o que dramaticé mucho todo. Bueno, lo intento pensar pero no me doy permiso, no me lo permito: no me parece sano vanalizar o despreciar cómo me sentía entonces porque en cualquier momento puedo volver a sentirme así.

Supongo que lo que me pasó es que se me acumuló mucha mierda y desbordó. Y desbordé. Y lloré mucho, me sentí muy mal y sentí que nunca volvería a ser feliz. Y no me parece bueno ridiculizar esa sensación porque, bueno, la tuve, puse medios para solucionarla y mira, estoy mejor. He tenido la inmensa suerte de que no fuera a más (aparentemente) y no derivara en algo mucho peor, pero podría haberlo hecho y podría hacerlo en un futuro.

En fin. He dormido fatal y estoy desvariando, escribiendo sin mucho sentido. He dormido fatal, en gran parte, por culpa del gato, en otra gran parte por culpa de que no consigo acostarme temprano aunque me lo proponga. Ayer me quedé haciendo el tonto con el Zagal hasta las tantas (las tantas para una persona para la que dormir menos de 9 horas es el infierno y termino durmiendo menos de 7 todos los días). Fue agradable volver a reír, volver a hacer el payaso.

Y mañana vamos a ver el Rocky Horror Show. Otra vez. Cogimos las entradas en realidad como terapia, porque pasarte un par de horas gritando insultos desfoga a cualquiera, pero la verdad es que tengo muchas, muchas, muchas ganas. Y volveré más adelante.

Don’t dream it, be it.

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Mejor

Ayer fue el primer día en mucho tiempo que no me fui a dormir envuelta en tristeza. Hoy ha sido la primera mañana en mucho tiempo en que, pese al sueño, me he levantado con ganas de comerme el mundo. Así que vamos a suponer que me hacía falta irme de Twitter, porque eso es lo único que ha cambiado respecto al día anterior.

Quizá vuelva, quizá no, pero ahora mismo estoy mucho más tranquila sabiendo que mi cuenta no existe. Es posible que parte del problema fuera yo misma, el uso obsesivo que hacía de la cuenta (entrar a mirar tuits compulsivamente, abrir la aplicación casi sin darme cuenta), y que ya no me sentía nada cómoda allí. No sabía qué escribir, qué contar, qué compartir.

Ayer cambié Twitter por Instagram en los momentos de aburrimiento, pero desde luego es mucho más gratificante ver fotos bonitas que quejas de gente. Porque, al final, todos usamos Twitter para quejarnos, es una realidad.

Hoy me siento un poco más yo, un poco menos cerca del límite. No sé si me durará pero desde luego es un progreso, un pasito hacia el buen camino.

Con t de twitter

Necesito un respiro de redes sociales. Miento, de redes sociales no: de Twitter. Twitter está fenomenal, pero a veces es un auténtico coñazo y está lleno de toxicidad. No digo que sea lo único que tiene, pero ahora mismo noto que no me viene bien leer cosas ahí, así que he desactivado mi cuenta. Tengo 30 días para recuperarla, si lo echo de menos de aquí a 30 días, volveré. Si no… pues se perderá para siempre.

Ahora mismo, la verdad, es que haría casi cualquier cosa para volver a estar del todo bien. Si noto que algo no me aporta cosas buenas, que se vaya fuera, bien lejos, no lo necesito.

En parte me da pena, hay mucha gente con la que sólo contacto vía twitter, pero ahora mismo necesito esta desconexión. Si pudiera, me iría a la playa y desconectaría de todo, pero por desgracia no puede ser.

Ayer quedé con unas amigas de la universidad y aunque no les conté específicamente lo que me está pasando ahora mismo, me vino fenomenal verlas, reírnos, cotillear, charlar, pasear, comer chocolate… Igual debería haberme parado a contarles todo lo que me pasa por la cabeza y todas las cosas que siento ahora mismo, pero no me vi capaz. Igual que no me veo capaz de contarlo en general, incluso aunque me pregunten qué tal estoy. Colapso y contesto “bien”. Bien, como si eso significara algo para mí.

No me gusta estar así, no me siento yo. No me gusta sentir que me estoy arrastrando poco a poco a una espiral de autocomplaciencia y de masoquismo. No quiero revolcarme en mis propias penas y convertirme en una “pobrecita de mí”. He tenido mis más y mis menos últimamente, pero ahora mismo me está resultando muy difícil encontrarme cosas buenas. Y digo yo que algo bueno tendré, que no van por ahí tirándome piedras (aunque creo que a más de uno le gustaría).

En fin, que he borrado Twitter y de ahí esta entrada. Que no sé si leerá alguien porque no la voy a compartir en redes sociales, pero aquí queda. Como desahogo.

Bajando el ritmo

He decidido bajar el ritmo. En todo, pero en particular, en las oposiciones. Es imposible prepararme en 4 meses algo que se tarda años, así que ni lo voy a intentar. No quiere decir que no vaya a estudiar, claro que lo voy a hacer, pero no pienso agobiarme, no pienso invertir cada minuto libre en estudiar y voy a relajarme más. No me puedo permitir un encierro en el opozulo porque no sé si me compensa jugarme mi salud mental por la remota posibilidad de sacarme una plaza.

Este fin de semana he hecho vida social y qué bien me ha venido. El viernes celebramos con la familia del Zagal el cumpleaños del Peque, dos añazos ya y qué adorable está. El sábado, aparte de estudiar, ir al gimnasio y resumir lo que hemos dado de teoría esta semana en la academia, quedamos con unos amigos para jugar a un juego de mesa. Fue una tarde estupenda, de muchas risas y una partida al Mansiones de la Locura bastante épica.

El domingo no hubo vida social, pero sí más gimnasio, ukelele, estudio y cocinar. Cocinar mucho. No sé qué me dio, pero dejé la nevera hasta arriba de platos preparados o pendientes de terminar (como las croquetas, que hay que dejarlas reposar). A veces me dan esos arrebatos en los que me apetece cocinar y cocinar… Supongamos que relaja.

Me sigo notando en la cuerda floja, como si cualquier mínima cosa pudiera tirarme al otro lado, pero también es normal. No creo que haya soluciones mágicas a esta clase de cosas.

Poquito a poco. Un pie detrás de otro. Lo importante es llegar, no importa cuánto tarde.

Incertidumbre

Últimamente no estoy del todo bien. No me siento del todo yo. No ayuda estar en la más completa incertidumbre laboralmente hablando: podría tener trabajo un año más donde estoy, podría irme a la calle el mes que viene o podría recibir alguna de las -muchas- becas que he echado.

En realidad ninguna de estas opciones es muy terrible, no pasa nada si me voy al paro. Pasa aún menos si sigo otro año más aquí. Empezar una beca puede ser hasta positivo.

Pero no sé, me hace sentir muy insegura. Desprotegida. Como a punto de saltar al vacío. Y así llevo ya unas cuantas semanas, con la sensación de que, si pienso mucho en ello, no podré respirar.

No ayuda que las oposiciones me estén quitando la energía a kilos. No ayuda que haya tenido un par de reveses en la parte personal, en los que no quiero entrar ahora mismo. No ayuda que yo sea un desastre y me encante darle vueltas y vueltas a absolutamente todo.

Al final, granito a granito, mis pequeños dramas se convierten en una montañita que amenaza con enterrarme. Tengo que atajar el problema de otra manera, para que no me sepulte. De momento estoy pidiendo ayuda, lo cual supongo que es un paso, pero esto también me hace sentir mal. Como si no tuviera derecho a solicitar ayuda porque mis problemas no lo merecen. Pero sé que si no lo hago, va a desembocar en algo peor.

Me estoy planteando apuntarme a inglés en un curso del ayuntamiento. Por horario me va bien, serían únicamente 2 horas a la semana que no me coinciden con la academia, PERO. Pero no sé si será mucha paliza, no sé si elegir algo más activo, tipo crossfit, pero apuntarme a crossfit depende de si sigo aquí un año más. También debería retomar el ukelele, me daba muchísima paz el sonido que conseguía que emitiera.

Sea como sea, necesito poner solución a cómo me siento ahora mismo. Y pronto.

Habemus academia

Finalmente he decidido apuntarme a la academia de nuevo. Esta vez, para una escala superior, donde hay menos competencia, más especificidad, más temario, pero también mayor posibilidad de sacarme una plaza. O eso creo.

No voy a dejar del todo de lado la escala más baja, porque el temario es relativamente compatible, pero creo que con la preparación que tengo, puedo apuntar un poquito más arriba.

Van a ser unos meses durillos, con muchos sacrificios (dinero, tiempo, energía…), pero creo que el esfuerzo merecerá la pena.

Con esto de la academia, y la novedad de tener trabajo en mi trabajo (¡!), no sé cuánto me durará lo de escribir en este blog. Es posible que quede abandonado cogiendo polvo de nuevo. O que necesite desahogarme y escriba cada cinco minutos. Ambas opciones tienen las mismas posibilidades, en realidad. El tiempo lo dirá.

La verdad es que la única decisión que he tomado este fin de semana ha sido la relativa a la academia. Cómo llevar el blog, qué contar aquí, cómo estructurar las entradas… ni lo he pensado. He ido a la exposición de Barbie en la Fundación Canal, he jugado al Mansiones de la locura (volviéndome loca, por supuesto), he comido pizza, he mimado gatos, he entrenado, he estudiado y he leído (cómics), pero no he pensado ni un poquito en el blog. Pobrecito, ahora me pone caritas para darme pena, y yo le tengo que decir aquello de “no eres tú, soy yo…”.

 

Meditaciones

Llevo toda la semana escribiendo estas entradas y he sacado varias conclusiones (en lista, porque me encanta hacer listas):

  • Es más fácil escribir si escribes más de seguido (aquí he descubierto la pólvora).
  • Me está encantando comunicar de nuevo las cosas que pasan por mi cabeza.
  • Es muy poco eficiente hacer crónica del día anterior, así, todo junto.

Este fin de semana, entre las muchas cosas que quiero hacer (entrenar, ver la exposición de Barbie, quedar con amigos para jugar al Mansiones de la locura, estudiar, entrenar otra vez…), voy a intentar darle una vuelta para que esto tenga cierta estructura lógica. Algo muy simple, porque con el tema de las oposiciones tampoco me puedo permitir ni horarios, ni cosas muy elaboradas.

Ahora que he mencionado las oposiciones, os confesaré que aún no he retomado el estudio. Entre lo que me ha costado retomar el ritmo esta semana, no dormir, y la falta de tiempo, no he tocado los apuntes. Quiero dedicarle el domingo entero, aprovechando que el resto de planes están condensados en el sábado.

Otra cosa que también tengo que pensar es si me apunto a la academia otra vez, esta vez para preparar el nivel superior de mi oposición. Es mucho dinero, mucho tiempo y mucha energía, pero con lo que me cuesta estudiar por mi cuenta, casi me vendría hasta bien.

Me espera un fin de semana de pensar mucho.

Momento bolita

Ayer fue un día raro. La jornada laboral no fue mal (hubo un fallo de sincronización a la hora de bajar a desayunar, y terminé perdiendo a M. y a S., pero desayuné con B. y con otra compañera que normalmente no baja pero ayer se nos unió), y como estoy cotejando datos, se me pasó bastante deprisa el día.

En torno al mediodía, un poco antes de la hora de comer, tuve que hablar con E. para solicitar unos días que me corresponden la semana que viene. E. es la que se encarga de darme tareas que hacer y realiza el seguimiento, pero en realidad no es ni jefa ni nada, por lo que la persona a la que tenía que informar era la Gran A. La Gran A. no es jefa suprema, y es una persona bastante cercana, pero a mí siempre me da apuro hablar con ella, y no sé si E. lo nota, pero cada vez que me toca, me lleva de la manita y habla ella por mí. No hubo ningún problema, claro, y sólo me falta confirmación de mi empresa (es lo que tiene la subcontratación, que hay unos mareos a veces…).

Al salir del trabajo, camino de la parada de autobús, me paró una señora para pedirme indicaciones. Entre ella, yo, su mapa y la alienación de planetas, conseguí medio explicarle cómo llegar a una calle que estaba a 5 minutos de allí. Confío en que llegase bien y no terminase en la otra punta de la ciudad, cosa que también podría suceder…

Por la tarde tuve lo que yo llamo un momento bolita. A veces me pasa, da igual que haya algo real que lo desencadene o no, pero a veces se me hace todo muy cuesta arriba y sólo me apetece hacerme una bolita en la cama y dormir. No ayuda que ayer no leyese nada (correlación no implica causalidad, pero me noto más propensa al momento bolita cuando no leo) y tampoco ayuda que no esté durmiendo en condiciones.

Se me pasó con mimos y vídeos de youtube de cosas divertidas.

Por fin hemos tirado la mesa que nos estorbaba. Era una mesa de café gigantesca, que no teníamos manera de ubicarla. Nuestro piso está fenomenal, pero las habitaciones son muy pequeñas, lo cual te obliga a recurrir a la funcionalidad. Y una mesa que abarca un metro cuadrado de una estancia no tiene mucha funcionalidad. Ahora la biblioteca/cuarto de los trastos está un poco más despejado. Aún hay camino que recorrer, pero poco a poco será una habitación utilizable.

Aprovechamos para tirar también la vajilla de bodas de la anterior dueña del piso. Una vajilla espantosa, aparatosa, con filigranas doradas y algo descascarillada. Los herederos no se la quisieron llevar y ya no tenía sentido conservarla perdiendo un gran espacio de almacenamiento. Pesaba un quintal, la metimos en dos cajas y la bajamos en un segundo viaje. Mi caja, más pequeña, algo más ligera, se estaba rompiendo por las esquinas, cediendo el cartón a la presión de la fealdad de la vajilla (esto lo supongo, no hice un estudio al respecto), así que no podía soltarla hasta llegar a la calle o terminaría con trozos de porcelana por todas partes y una caja rota. Así íbamos los dos, con cajas grandes (la del Zagal MUY grande), abriendo y cerrando puertas como buenamente podíamos, entrando en el ascensor utilizando las piernas para abrir la puerta. Lo peor creo que vino dentro del ascensor, ambos de pie con las cajas y sin poder tocar el botón para bajar. Agarré mi caja lo mejor posible con un solo brazo y, para compensar, subí la pierna y planté el pie en la pared del ascensor, para evitar que la caja se cayera. De esta guisa, alargué el brazo y pulsé el botón del bajo. El Zagal y yo nos miramos y nos empezamos a partir de risa, la situación desde luego lo merecía.

Antes de que preguntéis, no abandonamos estas cosas a su suerte en la calle, somos buenos ciudadanos. Solicitamos el servicio de muebles y enseres del ayuntamiento y ayer se pasaban a retirarlo. Creo que cuando la gente por la calle nos ve sacando muebles y trastos al portal, piensa que lo dejamos ahí abandonado, e incluso una vez la portera de enfrente nos llamó la atención. Siempre pensando mal del prójimo, porque no puede haber espacio para la duda.

Así que fue un día muy irregular, un poco raruno. Imagino que será cuestión de volver a la rutina, pero ojalá me acostumbre pronto porque lo de no descansar por las noches me está pasando factura.

El Gran Google nos vigila

Dos días madrugando y vuelvo a tener cara de muerta, con los ojos hinchados y las ojeras marcadas. Nací con ojeras, qué le voy a hacer, pero durante la semana santa, que dormía más de 9 horas al día, estaba fresca y descansada. Pero bueno, el deber es el deber.

No ayuda que los gatos me despierten durante la noche, porque cuando no es Zowy pidiendo mimos o invadiendo la almohada, es Axen chupando algo para despertarnos. O tirando cosas. O llorando.

Ayer bajé a desayunar con M. y la gente de su departamento, y fuimos al sitio donde no pude ir el lunes. Y me pedí mis tostadas de centeno. Durante el desayuno salió el tema de que Google te vigila, que sigue todos tus movimientos y almacena esos datos, imagino que los venderá como macroestadísticas o algo así. Da un poco de miedo que hagas una foto en un sitio y te recomiende subirla a la página de ese lugar. Pero qué le vamos a hacer, la tecnología avanza a pasos agigantados y nuestra privacidad es un bien con el que comerciar. Podemos mantenerla, hasta cierto punto, a golpe de click, leyendo lo que estamos aceptando.

Pero sí es verdad que cada vez estamos más expuestos. Exponemos todo: dónde estamos, qué comemos, con quién salimos, lo mucho que queremos a nuestra pareja… Parece que si no lo dices en Internet, en alguna red social, no existe.

E. me mandó finalmente tareas y… madre mía. ¿No quería trabajo? Pues toma dos tazas, que dicen. Es largo, laborioso, un curro de al menos unas semanas, igual incluso meses. No sé si me va a dar tiempo a terminarlo antes de que se acabe mi contrato, pero bueno, haré lo que pueda.

Estoy llevando un poco mal la vuelta al trabajo por mi compañera intensita. Para ella todo es horrible, todo era mejor antes o todo es mejor fuera, en otros sitios. Aquí en Madrid no hay verduras de calidad (que no le dé la gana ir a sitios donde pueda encontrarla es otro cantar, mejor nos quejamos de que en el súper de mi barrio no me traen la misma verdura que en un mercado de abastos). Me roba la energía. No hace falta vivir vomitando arcoíris pero tampoco supurar tanta negatividad.

Ayer no entrené. Bueno, si contamos el rodeo que di para llegar a un sitio al que supuestamente sé llegar y la vuelta a casa con un paquete gigantesco (que el gato se tiró encima nada más llegar a casa, habría muerto aplastado si la caja no pesase aún menos que él). Me sigue sorprendiendo lo mal que me oriento, menos mal que existen GMaps y el Zagal. Con el Zagal no hacen falta GMaps ni GPS, él llega. También dice eso de “Gire ligeramente a la izquierda” pero no le cambia el acento repentinamente.

Por la tarde se pasó la HermanaZagal a recoger una cosa por casa y estuve hablando un rato con ella y jugando con PequeA, que está precioso. Está en esa edad en la que empieza a dejar de ser un bebé y empieza a ser un niño y me asombra que cada vez que le veo hace algo nuevo o ha dejado de hacer algo de bebé.

Ya es mitad de semana, a ver qué me depara este miércoles.

Me han robado la silla

*No sé muy bien qué estoy haciendo con estas entradas, quiero volver a coger el hábito de escribir y, a la vez, que este blog sirva a modo de diario. Ahora mismo noto que me cuesta un montón juntar 2 palabras (me pasa con los 140 caracteres de twitter, no me va a costar aquí), así que espero que con el tiempo sea todo más fluido.

Ayer llegué a la oficina y me había desaparecido la silla. Nadie sabe dónde está ni por qué ha desaparecido. Es un mal menor porque cogí la silla de al lado, pero fue curioso llegar el primer día tras las vacaciones y no tener silla.

La vuelta al trabajo ha sido normal, anodina. Lo más interesante del día es que me sangró la nariz (supongo que del calor repentino que no quiere irse), pero ni siquiera duró mucho tiempo.

Bajé a desayunar sola porque M. y B. (las dos personas con las que suelo bajar) no estaban disponibles. Bueno, M. no estaba y B. no podía bajar. Cuando bajo sola, me gusta ir a una cafetería que está un poco más alejada para estar tranquila. Es un sitio donde tienen panes de distinto tipo y suelo pedir tostada de centeno. Allá que me fui, pensando en el pan de centeno y el rico café que sirven allí (con leche sin lactosa) y cuando llego a la puerta… estaba cerrado.

Me arrodillé clamando venganza al cielo (¡vendetta!) mientras alzaba los puñitos amenazante… Ah, no, no fue así. Simplemente me di la vuelta y me fui al bar de enfrente de la oficina, un bar más normal, pero que también tienen panes diferentes. Pedí unas tostadas de pan de pipas y un café con leche de soja.

A mitad de mi desayuno, llegaron unos compañeros de la oficina con los que suelo hablar menos y me invitaron a sentarme con ellos. Fue un buen rato, hablando de Star Wars y de cine en general. Una de las cosas que más me cuestan de estar en la oficina es sentirme un poco marciana, aunque poco a poco, hablando con la gente, me voy dando cuenta de que no soy la única con estos gustos frikis.

Hoy tengo una reunión con E. para que me asigne más funciones, lo cual agradezco porque estar sin trabajo es muy aburrido.

Por la tarde fui al gimnasio con el Zagal, a una clase colectiva de esas de levantar pesas y sudar mucho. Me gustan esas clases porque combinan musculación con cardio y aunque no es lo más efectivo para ninguna de las dos cosas, son divertidas. Nos saltamos la parte de abdominales porque ninguno de los dos la estábamos haciendo, pero el resto de la clase estuvo bien.

No le pongo pegas al lunes, a pesar de ser lunes. Podría haber sido mejor igual que podría haber sido peor. En general, estuve bastante alegre casi todo el día, lo cual es bueno.